RANKEAR DOCENTES POR EXÁMENES NO ES MERITOCRACIA…

Por: León Tratemberg

¿A alguien se le ocurriría evaluar la calidad de deportista de Leonel Messi o Serena Williams, o la calidad actoral de Merril Streep o Robert De Niro, o la capacidad musical de Elton John o Lady Gaga, o el liderazgo social de Greta Thunberg o del fallecido Nelson Mandela, con pruebas escritas sobre la actividad que realizan? Lo más probable es que la mayoría de los entendidos sugerirían otras formas de evaluarlo. De hecho, en buena parte del sector privado no se define de ese modo a los docentes a ser contratados.
La incorporación impertinente de 14,000 docentes a sus labores escolares por parte del Congreso es una decisión tóxica para la legalidad y constitucionalidad, pero hay que tener cuidado con asumir planamente el argumento de que eso rompe la concepción meritocrática que tenía el sistema de evaluación vigente en aquél momento (y en buena parte, hasta ahora).
Empiezo adhiriéndome a las expresiones de disconformidad por la ley que a todas luces parece inconstitucional sobre la incorporación de 14 mil docentes interinos que quedaron fuera de la carrera magisterial en el año 2014 por no tener título, desaprobar o no dar la prueba, aprobada con ligereza por el Congreso sin el debido debate oportuno, transparente y democrático.
Sin embargo, me parece importante aclarar que lo que rechazo es la transgresión a la legalidad vigente al querer obviar las condiciones existentes para todos los interesados en esos años del 2012 al 2014, para beneficiar incorrectamente a los que no se sometieron a las condiciones vigentes en ese momento. Eso no es democrático ni constitucional.
Dicho eso, valga la oportunidad para cuestionar que para aludir a la violación al principio de la legalidad se use como argumentación que lo que se está violando es el concepto de “meritocracia”. Lo que están sosteniendo muchos de sus defensores, parte del imaginario que no comparto de que la evidencia de que se trata de un concurso meritocrático deriva de hacer un orden descendente de los puntajes obtenidos por los postulantes al rendir exámenes escritos masivos con buena carga memorística y con respuestas para marcar que mayoritariamente evalúan la capacidad de acertar en esas respuestas al gusto arbitrario del evaluador, sin que eso denote mérito profesional alguno. Eso significa, por ejemplo en el extremo, asumir que un postulante que saca 13.96 tiene méritos y si tiene 13.94 no los tiene. O en el plano escolar, que un estudiante que saca 17.35 tiene más méritos que el que saca 17.34 de promedio, o que el alumno que contesta bien 6 de 10 preguntas es mejor que el que contesta solo 5, sin ninguna consideración al proceso y otros factores que definen sus competencias como estudiante. Por ejemplo: un alumno altamente memorista y motivado por las notas (a costa de una gastritis crónica inclusive) se considera más meritorio que el que tiene un temperamento expansivo, ideas originales, es colaborador, solidario y creativo, y es confrontador, por lo que marcaría (correctamente) la respuesta “depende” ante cualquier pregunta determinista descontextualizada que se le hiciera en un examen escrito que no da pie a opinar de modo abierto.
Desde el punto de vista educativo, que es el campo que nos compete, me parece inaceptable colocar en las décimas o centésimas de un arbitrario cálculo aritmético la capacidad de definir las condiciones profesionales de una persona, así como tampoco transferirle a los puntajes que arroja una computadora luego de un examen la definición de quién de los incógnitos contestadores de esas preguntas es un profesional competente y meritorio, o sea, quién es un docente eficaz que contribuye al aprendizaje de los alumnos.
En una olimpiada una centésima puede diferenciar al ganador del perdedor, pero eso no quiere decir que el segundo (o inclusive el último de la carrera) no sea un deportista meritorio y competente, o que en otras competencias entre los mismos competidores, no se puedan dar vuelta los puntajes. Una evaluación docente no es una carrera de 100 m para ver quién gana o quien pierde en un minuto específico de sus vidas. Una evaluación docente debiera considerar el conjunto de factores que definen quién es quién, como se hace al evaluar a un artista, un deportista, un actor, un líder, un ejecutivo, a los que pocos entendidos contratarían basándose en los puntajes obtenidos en una prueba escrita de conocimientos con respuestas múltiples para marcar.
Repito, no apruebo que si esas eran las condiciones imperantes se hagan triquiñuelas para esquivarlas por razones populistas. Solo pretendo dejar anotado que usar el concepto de “meritocracia” como se hace popularmente es algo que en mi opinión merecería ser revisado. Entre educadores, creo que tenemos la obligación de preguntarnos siempre el por qué de los usos convencionales de ciertos conceptos y evaluar si realmente responden a su propósito. Sin eso, no habría espacio para la innovación.
He escrito en extenso al menos dos veces no hace mucho confrontando este tema de la “meritocracia”. Si alguien tiene interés en el tema, los invito a releer mis columnas cuyos links agrego acá.
MERITOCRACIA (¿un privilegio disfrazado de equidad?) https://www.trahtemberg.com/…/3441-meritocracia-iun…
¿Sirven para algo los exámenes escritos? (A propósito de la JNJ) https://www.trahtemberg.com/…/3375-isirven-para-algo…

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*